Alejandro Magno, gran líder helenista, afirmó: “Estoy en deuda con mi padre por vivir, pero con mi maestro por vivir bien”. El legado de un maestro no radica en los conocimientos que haya podido desarrollar en quien aprende, sino en la persona que el aprendiz elija ser como fruto de toparse con él.

El paradigma tradicional de la educación comprendía al maestro como un simple transmisor de conocimientos. Su trabajo consistía en impartir clases y enseñar los contenidos necesarios para que los estudiantes aprendieran lo necesario para el examen. Este paradigma fue muy útil, sobre todo en países como el nuestro, en los que por mucho tiempo el acceso a la información no era tan posible.

Pero los tiempos han cambiado. Hoy en día la información está al alcance de un clic, está en cualquier biblioteca, en cualquier casa hasta en cualquier teléfono móvil.  Ante este panorama cabe preguntarse: ¿cuál es el aporte que puede hacer un docente en plena era de la información y el conocimiento?

En Susaeta Ediciones Guatemala creemos que cada vez es más importante y necesaria la labor docente en el mundo. Creemos en un nuevo perfil de docente del siglo XXI, un docente capaz de motivar a los estudiantes a aprender, que sea apasionado por el aprendizaje y por la enseñanza, que valore el conocimiento pero que también busque el desarrollo humano, personal y social del estudiante.

Es urgente contar con maestros y maestras dispuestos a influir positivamente en la vida de sus estudiantes para que crezcan como personas emprendedoras, capaces de hacer frente a los desafíos que su contexto les apremie. Necesitamos contar con maestros y maestras que amen ser docentes, pero que amen también transformar vidas.

Hoy solo trascenderá el maestro y la maestra que esté dispuesta a entregar toda su vida por la construcción de una mejor sociedad. Por eso agradecemos a todos su trabajo, su esfuerzo y su entrega cotidiana por hacer de este país un mejor lugar para vivir.